Fisting anal, el placer en la dilatación extrema (parte 1)

Fisting anal, el placer en la dilatación extrema (parte 1)

Si te gusta la penetración anal, puedes explorar un poco más este aspecto de tu anatomía jugando con la dilatación y el tamaño. ¿Conoces el fisting? 

Se trata de una práctica que en ocasiones es tachada como fuera de lo común o, incluso, extrema por algunos. Sucia y peligrosa por otros. El erotismo braquiorrectal, nombre científico del fisting anal, puede llevarte por caminos insospechados de placer, tanto físico como psicológico. En cualquier caso, actividad extrema o no, el fisting anal requiere que la persona activa dilate suavemente el ano de la persona pasiva. Los riesgos se pueden minimizar teniendo en cuenta los mensajes y señales que emite el hombre o la mujer que se somete a esta práctica.

Un poco de historia sobre el fisting

La literatura solo se ocupa del fisting anal desde los años 60. Fue con la creación de la T.A.I.L. (Total Anal Involvement League) en Estados Unidos cuando el fisting hizo su aparición, junto con todos los ass plays. Inicialmente confinado a los círculos gay, el fisting se desarrolló durante los años 70 y fue compartido por homosexuales y heterosexuales a finales de la década. Cabe señalar que, a diferencia de otras prácticas sexuales, ninguna comunidad (asiática, hispana o africana) parece haber estado más o menos representada que otra.

Popularizado en los últimos años por el cine porno profesional y amateur, el fisting anal es un acto sexual que conviene tanto a hombres como a mujeres. A los primeros les gusta que les metan el puño para sentir una estimulación de la próstata, a los segundos porque les permite sentir una sensación interna de estimulación vaginal, a través del culo. Como aficionados, la oportunidad que tenemos es hacerlo sólo por placer, a diferencia de muchas mujeres en los vídeos porno.

El fisting conviene tanto a hombres como a mujeres

La suavidad y la relajación deben formar parte del fisting anal

Si, mecánicamente, los esfínteres anales no están diseñados para permitir la introducción de nada, un ejercicio suave y cuidadoso, por un lado, y el uso de lubricante, por otro, permitirán descubrir la dilatación con facilidad y seguridad.

Así que, para meter toda la mano en el ano de tu pareja, sigue esta guía:

  1. Crea un ambiente y una atmósfera en la que el destinatario pueda relajarse y sentirse seguro. Al igual que una sodomía, piensa en la higiene y toma una ducha íntima.
  2. Pon un cojín bajo la cabeza y, si puedes, también hacia la parte baja de la espalda. Para estar tranquilo, una protección en el suelo o en el colchón. El objetivo es que te sientas cómodo y te relajes como lo harías con un masaje, procurando disfrutar en primer lugar.
  3. La persona que penetrará deberá cortarse las uñas por los bordes. Esta será la ocasión para una manicura. Nada de pequeñas durezas, uñas redondeadas y manos hidratadas y suaves. Evidentemente, no se lleva ninguna joya y las manos se desinfectan con gel hidroalcohólico antes de ponerse los guantes desechables utilizados únicamente para esta penetración. Una vez puestos los guantes, límpialos también con este gel desinfectante.

Esta abundancia de precauciones sanitarias es una forma de respeto hacia la persona que se va a entregar a ti. También es una protección evidente contra las lesiones que podría infligir al frágil revestimiento del recto. Por último, el uso de estos guantes es una barrera eficaz contra las ITS que podrías contraer o contagiar a través de una lesión preexistente. Por último, para la persona que penetra, los guantes son una barrera de protección psicológica que le permitirá superar los tabúes que pueda tener sobre el tema.

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De espaldas, con las rodillas semiflexionadas y los pies apoyados en el suelo

Esta posición es la más eficaz para la mayoría de los casos. Ofrece la mejor apertura anal mientras relaja los músculos de la espalda y los muslos. Además, permitirá al penetrador mantener el contacto visual con la persona que recibe su mano y asegurar que el momento del sexo juntos siga siendo agradable y placentero.

Comienza por acariciar los genitales. Tanto si se trata del pene como de la vulva, todo comienza con una excitación sexual real que permita el nivel de relajación necesario para dilatar el ano. No te olvides de los pechos, ya sean masculinos o femeninos, son una zona erógena muy efectiva, seas joven o mayor. Según cuentan, los niveles de dilatación que se alcanzan son mucho mayores cuando se han activado otras zonas erógenas antes de pasar al culo.

Sin excitación, es casi imposible alcanzar un punto de relajación suficiente para introducir la mano hasta el fondo del ano de la persona que va a experimentar el fisting anal. Por ello, te recomendamos que empieces, como en cualquier encuentro sexual, jugando con las zonas erógenas de tu pareja.

Deja que la excitación aumente lentamente, tanto para la persona que penetra como para la que recibe. Cuidado, no se trata de perder el control, será fundamental que ambos permanezcan atentos a sus sensaciones y sepan alertar, si es necesario, si la penetración anal se vuelve demasiado dolorosa.

A nunca olvidar en el fisting anal

Mantener el control durante esta penetración anal será la clave del éxito. Es responsabilidad de la persona activa (la que penetra con su mano) controlar la velocidad, el ángulo y la fuerza empleada para introducir todos los dedos, uno tras otro. El receptor tendrá grandes dificultades para detectar el tamaño o el número de falanges ya introducidas. Las sensaciones serán nuevas y a menudo se mezclarán con un placer y un dolor indescriptibles.

Cuando sientas que la pareja está preparada para ir más allá (abrirá las piernas de forma diferente, se frotará las nalgas o se contorsionará como si se frotara el ano), masajea suavemente la zona anal con una crema lubricante.

En cuanto a la lubricación, hay varias opciones para el fisting anal. Algunas personas prefieren los lubricantes que anestesian la zona anal. Su ventaja es que garantizan la ausencia total de dolor. Su desventaja es que tienden a reducir el placer experimentado durante la penetración al disminuir las sensaciones. No hay nada que le impida mezclar métodos. Un lubricante anestésico para adormecer ligeramente la zona e iniciar la dilatación, y luego grasa vegetal Crisco para facilitar la mecánica del movimiento.

Lo que realmente importa en este momento es iniciar el movimiento y no interrumpirlo. Esto se debe a que los músculos siempre serán más eficaces para cerrar el recto que para abrirlo, y cada interrupción puede significar tener que empezar de nuevo. En nuestra opinión, debes evitar los lubricantes perfumados (menta, fresa) o los que se supone que se calientan. De hecho, según la opinión médica, existe el riesgo de que, aunque ayuden a dilatar el ano, estos productos, cuando se aplican a la sensible mucosa del colon, pueden, en casos extremos, irritarla y provocar dolor.

Se recomienda utilizar un pequeño consolador para empezar. Si vibra, ayudará a relajar los músculos del esfínter y facilita la penetración. Elige un modelo con un diámetro pequeño y no demasiado blando, para no perder energía durante el movimiento de entrada. Sentirás que el ano se dilata y la experiencia sexual del fisting anal aumentará. Como persona activa, el acto del fisting te aportará satisfacción y te sentirás en control del juego en ese momento.

Lo más complicado será romper la barrera psicológica del primer dedo. De hecho, el receptor debe ser capaz de aceptar físicamente esta intromisión. Es el talento de la persona que penetra para saber utilizar la cantidad justa de autoridad, fuerza y amor para hacerle aceptar…. ¿Pero cómo? Te lo contamos en el próximo artículo.

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